¡Es mejor sufrir que no sentir nada en absoluto!

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El amor es una cosa muy curiosa. Es el principio y el final de todo, existe para nuestro disfrute y está en todos nosotros y en el mundo. Lo necesitamos y lo perseguimos toda la vida.

Como adulto, crees que será sencillo. Piensas que el comienzo es dulce como el algodón de azúcar y lo que sigue es un camino de rosas, lleno de momentos mágicos, risas y romanticismo, igual como se muestra  en las películas.

Piensas que tu pareja hará siempre las cosas correctas, que te dirá solamente lo que quieres escuchar, que estará contigo cada minuto, que entenderá tus sentimientos antes de  expresarlos. Piensas que el amor de tu vida  tiene que tener el poder de reaccionar conforme con la imagen que tienes en tu cabeza en cada situación.

Esperas tanto que te sientes totalmente y completamente derrotado cuando algo no coincide exactamente con lo que tú pensabas.

Pero esto es lo que lo hace maravilloso. El amor no es un plan. No tiene un cierto comienzo ni una línea de final visible para aquellos implicados.

El amor es increíblemente desordenado y raro; sorprendente y diferente de todo lo que hay en este mundo. El amor te hace cambiar; empiezas a  realizar cosas que nadie puede comprender, ni las personas que te rodean, ni tú mismo.  

Los demás no pueden entender esa niebla de locura que te envuelve cuando estás enamorado. Es una niebla incómoda, dolorosa y devastadora muchas veces pero tiene el poder de dejar entrar el sol, un sol que calienta tanto que llega a quemar el alma. Pero no podemos y no deseamos vivir sin ella.

 El amor es felicidad pero también es sufrimiento. Requiere trabajo. Hay que luchar para conseguirlo, estar dispuesto a padecer las heridas más atroces y dar partes de tu persona.

¡No seas cobarde! Nada en este mundo es gratis. Nada se obtiene sin esfuerzo, sin sufrimiento, sin sacrificios. Puede que ahora sea más sencillo abandonar  el campo de batalla antes de haber empezado la guerra pero te aseguro que llegará el momento en el que te arrepentirás de haber sido tan temeroso.

Porque toda la lucha, todas las lagrimas, las noches sin dormir y toda la incertidumbre valen la pena.

Y es siempre mejor sufrir que ser feliz pero en la soledad sin esa persona que te muestre que hay una diferencia increíble entre sentirse feliz y sentirse completo.

Foto: http://slowbuddy.com/

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