¿Quieres ser la última pieza del rompecabezas de mi vida?

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De niña me encantaba armar rompecabezas. Ver como esas piezas sueltas iban formando un cuadro precioso era algo mágico que me llenaba de felicidad. Sabía que tenía que encontrar la pareja ideal en todo momento porque cada pieza encajaba perfectamente con otra.

En cierta forma, las personas, nos parecemos mucho a las piezas de un puzle. Cada ser humano, por separado, vale mucho, muchísimo pero no es completo; hay algo que le falta. 

Y nos pasamos la vida buscando esa pieza que encaja perfectamente con nuestra forma de ser, con nuestra personalidad, con nuestra manera de ver el mundo para sentirnos perfectos. Cuando la encontramos, las piezas sueltas, insignificantes se transforman en un cuadro maravilloso.

A diferencia de un rompecabezas pero, en el caso de los seres humanos, hay diferentes piezas que podrían encajar, no solamente una.

He conocido muchísimas mujeres, pero también hombres que tienen listas interminables de cómo debería ser su pareja y se pasan años (o incluso toda la vida) buscando – incansablemente – la mujer o el hombre de sus sueños, su pareja perfecta, maravillosa, la otra mitad. Cada persona sabe lo que está buscando, lo que le gusta, lo que puede aceptar y lo que no en una pareja pero ¿es realista esperar a alguien que encaje a la perfección?

Sé que todavía hay personas por ahí que creen que Zeus dividió  a los andróginos en dos mitades, convirtiéndolos en seres incompletos y condenándolos a anhelar siempre la unión con su mitad perdida.

Estas personas piensan, por lo tanto, que el amor significa hacer esfuerzos para encontrar a su otra mitad, perfecta. Y perfecta quiere decir tener ciertas cualidades y obviamente, (muy) pocos defectos.

El problema es que el amor, como las personas mismas, no es perfecto. Y lo he dicho muchas veces – la perfección es aburrida y no nos gustaría vivirla.  

Amar significa encontrar un ser humano imperfecto, con defectos, debilidades, con miedos y aceptarlo tal y como es sin juzgar, sin criticar, sin intentar cambiarlo. Un ser humano, que a la vez, te aceptará a ti y cerrará los ojos antes todas las cosas que no le gustan de ti.

Es una verdadera pena que haya personas que escogen ver solamente los dos o tres defectos de una (posible) pareja pero no las 100 cualidades.    

Es una pena que haya personas que tengan tan claro lo que los demás han de cambiar pero son ciegos ante lo que ellos mismos tienen que modificar.

Y luego nos sorprendemos cuando un día, despertamos solos, en una cama vacía, en una casa vacía, en una existencia…vacía?

La persona perfecta no existe.   

La relación perfecta tampoco existe. Se construye.

Foto: http://quest.mda.org/article/research-updates-fall-2010

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