Embalsamando el amor

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Hay personas que piensan que el amor es eterno. Que nunca se muere, ni siquiera cuando los seres humanos acaban su viaje en este mundo. Hay otras que piensan que el amor, como todo, tiene fecha de caducidad y que…inevitablemente acaba su ciclo vital y fallece.

¿Por qué pasa? Por falta de oxigeno, por falta de agua o de alimento. Por falta de interés. Simplemente porque tenía que pasar.

Desgraciadamente no se le puede hacer una autopsia, como en el caso de las personas, para determinar la causa concreta. De hecho, lo más probable es que no haya una sola causa sino un enredo de factores más o menos importantes.

Y no hay un culpable sino dos. Los que antes formaban un equipo invencible. Que tenían el corazón lleno y derrochaban amor. Dormían abrazados y se acariciaban. Los mismos que ahora no se tocan ni cuando duermen porque hay mil kilómetros que los separa aunque compartan la misma cama.

El amor termina cuando “nosotros” es reemplazado por “tú y yo”, cuando una persona está buscando solamente los beneficios personales pero no está dispuesta a cambiar a favor del bien común, cuando las diferencias que al principio de la relación eran poco visibles y poco importantes, comienzan a emerger y dictar el comportamiento de cada uno. Cuando ya no hay deseos y necesidades conjuntas sino individuales. Cuando cada persona comienza a evaluar su felicidad y calcula  la “inversión” hecha, todo lo que gana y todo lo que pierde en la relación.

Y cuando eso pasa, muchos prefieren luchar por lo que un día compartieron, por el amor que un día tuvieron, por los momentos buenos y por los recuerdos. Insisten en permanecer en una relación que hace tiempo que no funciona, que no les aporta nada o que les hace sufrir, les frustra y les hace perder la autoestima. Se quedan y luchan aunque saben que han perdido no solamente una batalla sino la guerra; todo eso porque el orgullo, el miedo a la soledad y el miedo al rechazo social son demasiado grandes. Llegan al extremo de mostrar su peor lado, el lado más oscuro, los sentimientos más feos y lo que logran es manchar el amor que fue tan especial, tan intenso y tan maravilloso.

Y yo no digo que siempre hay que renunciar. Muchas veces, la lucha vale la pena porque el amor vuelve a la vida y es más fuerte y más hermoso que nunca.

Pero cuando una relación ya no llena a la persona, cuando no aporta alegría y felicidad, cuando no tiene fuego y pasión  – la relación está muerta.

Y lo mejor es aceptar esta verdad, llorar y sufrir por todo lo que no pudo ser y pasar página.

…porque hay veces que para conquistar el cielo, se tiene que perder el sol.  

Foto: http://es.forwallpaper.com/

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4 pensamientos en “Embalsamando el amor

  1. Creo que el amor se debe sentir y no pensar. Que no debemos ponerle fecha, ni ataduras, ni destinos. Sí creo que no se debe banalizar, que se le debe de alimentar cada día con ilusiones, detalles, libertad y admiración. Que él solo se irá adaptando al ritmo del paso de los años y nosotros con él.
    Pero que cuando muere, nunca resucita.
    Un abrazo muy fuerte.

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