La vida es un regalo…

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De vez en cuando para. Deja todo lo que estés haciendo y solamente siente. Tómate el tiempo para contemplar el amanecer o la puesta del sol. Deja que la lluvia lave tu rostro. Disfruta del olor de las flores. Vive el momento y agradece la oportunidad de vivirlo todo. Porque cada día es un regalo…

 

No te partas a pedazos para mantener a los demás completos…

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La persona más importante de nuestra vida debería ser, sin lugar a dudas, nuestra persona. No hay nadie más importante que nosotros mismos.

A veces lo damos todos por lo demás (yo reconozco que lo hago aun sabiendo lo dañino que puede llegar a ser esto), nos partimos en pedazos y lo hacemos casi sin darnos cuenta. Deseamos mostrar amor, pero exageramos.

Yo no digo que siempre hay que esperar algo a cambio, pero hay que encontrar el equilibrio.

Si dejamos de priorizarnos un instante, luego un día, luego un mes tras otro y otro, llegará un instante en que perderemos nuestra identidad. Me refiero a esa esencia que nos define en nuestros gustos, pasiones, sueños y autoestima.

Toda relación es no solo una interacción, sino un intercambio efectivo y satisfactorio donde ambas partes ofrecen afectos, información y energías por igual. Porque no siempre se es egoísta por esperar algo a cambio. La reciprocidad es dar y ofrecer, es reconocer y ser reconocidos.

Cada uno vuela al encuentro con el destino que elige…

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Caía la nieve. Todo al rededor estaba tranquilo y los copos de nieve caían dibujando circulos en una caprichosa danza, acercandose lentamente a la tierra.

Dos copitos de nieve que volaban cerca el uno del otro empezaron a conversar y para que el viento no los alejara, se tomaron de la mano y uno de ellos exclamó:

— ¡Qué sensación fantástica la de volar!

— No estamos volando, solo caemos. —dijo triste el otro

— Pronto nos encontraremos con la tierra y nos convertiremos en una hermosa cobertura blanca para ella

— No, vamos a encontrarnos con la muerte: cuando caigamos a tierra nos pisotearán

— Nos convertiremos en pequeños riachuelos y al final iremos al mar. ¡Seremos eternos! —Dijo el primer copo de nieve

 

— No, nos derretiremos y desapareceremos para siempre — objetó el segundo copo

Al final se cansaron de discutir

Se soltaron de las manos, y cada uno de ellos voló al encuentro con el destino que eligió…